Hermosos detalles

Uno de los problemas que enfrentan mis minialérgicos son los cumpleaños en el colegio, pues varios niños (en realidad sus papás) el día de su cumpleaños llevan una torta para compartir con sus compañeros y profesores.

Para mí, el tema normalmente me genera angustia y tristeza desoladora, para Pipe y Gabi, pena y rabia (sus palabras). Lo peor, es que el único problema de esta situación es no saber que ese día llevarán algo, o sea, con información nos ahorramos la angustia, tristeza, pena y rabia, y es más, generamos alegría y agradecimiento.

Agradezco infinitamente el gesto de algunos papás que me avisan e incluso me preguntan qué pueden comer los niños y les llevan algo especial. Pero lo que hoy les quiero contar (y que al acordarme aún me emociona) es que una compañera de Gabi hoy llegó con una bolsa, que preparó por iniciativa propia en la mañana, con dos plátanos, para que Gabi pudiera comer, pues sus papás traían una “torta con leche de vaca”.

¡Qué simple y qué hermoso! La empatía, amistad y generosidad contenida en solo dos plátanos. La sonrisa de ambas, Gabi y su compañera, ha quedado grabada para siempre en mi memoria emotiva.

No pido una torta inclusiva (aunque debo decir que ese es el mejor escenario), no pido que les lleven algo especial, solo pido que me avisen, para que ese día de celebración ellos también puedan compartir y no se queden mirando cómo los demás comen. Tan simple como dos plátanos en una bolsa, ¿no?

 

Pd1: por deformación profesional (psicopedagoga) debo decir que la empatía no es para nada un proceso simple, cognitivamente es un proceso complejo, que necesita de base teoría de la mente. ¡Uf!, necesitaba decirlo.

 

PD2: en las salas hay calendario con los cumpleaños, me demoré, pero hasta que se me ocurrió sacarle foto y estar más o menos prevenida.

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Una nueva etapa

Desde octubre del año pasado comencé a ver síntomas de reacción alérgica en mi alérgico mayor. Él me decía que no sabía por qué, puesto que no estaba comiendo cosas con leche de vaca. Yo por mi parte le creía, pues confiaba en el autocontrol y conocimiento que tenía de su enfermedad, entonces, como era evidente la reacción, busqué otras causas: no estoy lavando bien el pelo y se junta grasa (dermatitis seborreica), yo como queso y no me lavo bien las manos por lo que dejo trazas. Todas alternativas que rayaban en la desesperación e ignorancia, ¡incluso un día trataba de entender cómo se había ensuciado los pantalones con barro por dentro!

Hasta que una mañana, al ver una nueva herida en su cara, cayó la venda de mis ojos y pregunté seca y directamente: ¿qué estás comiendo?

De ahí vino el llanto y los múltiples intentos y fracasos.

Llegó el momento en que me di cuenta que no podía ayudarlo, pues el problema no era lo que él comía, si no que lo que comían los demás, no era su galleta Oreo, eran las Palmeritas que comía una compañera, las Kukys que comía otro compañero, y así… yo no podía competir contra eso.

Llegaron las vacaciones de verano y todo volvió a la calma. Hasta marzo, en que comenzó el nuevo año escolar.

Esta vez no me di cuenta inmediatamente, pues los síntomas habían cambiado, ya no presentaba reacciones a nivel de la piel, ahora solo eran gastrointestinales. Lo bueno es que mi confianza ya no era ciega, así que el meteorismo, distención, moco y diarrea no eran causados por virus ni manos contaminadas con queso, nuevamente había comenzado la ingesta de alimentos con leche de vaca.

La doctora que lo ve habló con él y pensé que había sido suficientemente convincente, pero no. Así que jugué una carta poderosa, ¡el as de chocolate!

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¡El As de chocolate!

Y heme aquí, llevo solo 13 días de 180 (negociable a 150) sin comer chocolate, en ninguna de sus formas, y mi minialérgico lleva 13 de 180 días sin comer alimentos que tengan leche de vaca, en ninguna de sus formas. Ojalá que esta estrategia resulte y su intestino se pueda desinflamar bien para volverlo a intentar, una vez más.

 

Promesas

Hace tieeeempo que no escribo, no porque no haya nada que contar, si no que estoy viviendo una nueva etapa con mi minialérgico mayor (casi 8 años): el rechazo a su alergia alimentaria.

Siendo objetiva, se que están en la cola derecha de la campana de Gauss, a esta altura parace una enfermedad crónica, que no se pasó ni a los 2, ni a los 3, ni a los 5 y seguir poniendo o prometiendo fechas me hacer sentir mentirosa. Por otra parte, al crecer se vuelven más autónomos en sus decisiones y comienza a cobrar fuerza la comparación con el entorno, caldo de cultivo suculento para tomar malas decisiones respecto a la dieta. Y por último, hay características de personalidad del ya no tan minialérgico que agravan la situación.

Mi último intento para lograr volver a encauzarnos en la dieta fue, prometer que durante seis meses (tiempo que necesito para que Felipe elimine el alérgeno y de un reposo a su cuerpo para que se desinflame el intestino) no comería chocolate, en ninguna de sus formas, y él no comía leche de vaca, en ninguna de sus formas. Cada noche nos preguntamos si pudimos cumplir la promesa, ya van 2 si, solo nos faltan 178 más.

No estoy sola

Desde hace un par de años me cuestiono el por qué aún seguimos con la alergia alimentaria de los niños. Felipe ya cumplió 7 y Gabriela 5, son edades en que el tema debería estar superado… hace rato. Pero prueba tras prueba, aún está la evidencia de la persistencia de su APLV (y otras).

Casi todas las semanas en el grupo de mamás con niños con alergias alimentarias en que participo, aparecen post de despedida, anunciando que fueron dados de alta y muchas gracias por todo el apoyo y contención, y como 100 likes e igual número de parabienes.

Como cada cuatro semanas aparece un post de alguna mamá desesperanzada buscando que le digan que falta poco, preguntando “¿cuándo sus hijos superaron la alergia alimentaria?”, porque el suyo ya cumplió 2 y aún es APLV. Nunca respondo ya que, “el mío tiene 7 y aún seguimos en esto” no es algo que necesita oír. Pero un día lo hice, no se por qué, y en un derroche de egocentrismo dije que mis hijos de 5 y 7 años aún tienen alergia alimentaria y a la leche de vaca. Dos mamás más saltaron, sus hijos (de 6 y 7) aún tenían alergia. Fue una alegría y alivio tan grande saber que no estaba sola, que habían otras como yo, que no era una rareza, solo somos pocas. Me sentí acompañada, el sentimiento fue mutuo. No nos dimos consejos ni recomendamos médicos, solo nos abrazamos virtualmente. Nunca más me las he vuelto a topar, quizás algún día cuando alguna diga “¿saben que más? ¡acepto y asumo esta cosa! aún me sigue y persigue esta alergia alimentaria” o “¡lo logramos ctm! ¡gracias por todo y adiós!”

Por mi parte, la frase que sea, espero poder gritarla algún día.

Cumpleaños nº 7

Ya son siete añitos. Siete añitos de conocer y vivir un mundo nuevo, un mundo que ni atisbaba a imaginar. Siete añitos llenos de amor y desafíos.

Y son seis añitos experimentando con la repostería vegana. Descubrir su existencia a endulzado y alegrado nuestras vidas y por su puesto, nuestras celebraciones. El turno de esta fue una torta de galletas Oreo.

Para la dicha de todas las madres con restricción alimentaria por APLV (alergia a la proteína de la leche de vaca) de su hijo y los niños con APLV, las Oreo, al parecer ya en todas las fábricas del mundo, son libres de proteína de leche de vaca, y para goce de los veganos, ninguno de sus otros ingredientes son de origen animal. Felices todos, les comparto esta exquisita torta que preparé para celebrar el cumpleaños número siete de Pipesaurio.

La receta original es del sitio Dimensión Vegana (tienen muchas recetas de todo, dulces, salados, quesos, panes, etc.), para verla click aquí.

Y mi versión, a continuación:

 

Torta de chocolate rellena de galletas Oreo (así la bauticé)

Ingredientes

2 paquetes de Oreo clásica (para la próxima usaré tres)

1/2 taza de pasta de maní (yo usé 1/2 tarro de manjar de soya, creo que también quedaría bueno con pasta de dulce de membrillo o una mermelada bien espesa)

1 taza 3/4 de harina

1/4 taza de cacao amargo en polvo

1 taza de azúcar

1 cucharadita de bicarbonato (le agregué también 1/2 de cremor tártaro)

1 taza de agua con 1 cucharada de café instantáneo (le puse solo el agua, no me la quise jugar con el sabor del café)

1 cucharada de vinagre

1 cucharada de escencia de vainilla

6 cucharadas de aceite

Preparación

Separar las galletas y hacer sanguchitos, alternando galleta, manjar, galleta, manjar, galleta, manjar. Para la próxima agregaré una capa más de galleta, encontré que bajó mucho una vez cocida la torta.

Distribuir las torres de galletas en el molde. Yo no hice quequitos, pues necesitaba un formato grande como para torta. Use un molde redondo de unos 24 cm.

Para preparar el queque, mezclar todos los ingredientes secos por un lado y los líquidos por otro. Unir y mezclarlos bien.

Cubrir las galletas con la masa de queque.

Hornear por 35 minutos a 175ºC (el molde de torta)

Decorar con crema de coco batida, merengue, cobertura de chocolate, o el antojo de su preferencia ( yo no alcancé a cubrirla).

 

Y las fotos 🙂

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El cumpleañero

 

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La torta de chocolate rellena de Oreos

 

Se abrió el cielo y bajó una pizza vegana

Gracias a que estoy haciendo prueba de maíz con Gabi es que pude crear este milagro, pues el queso vegano que venden en el mercado usa almidón de maíz. Hace años hice uno con almidón de mandioca, pensando en las restricciones alimentaria de esa época (Link al post aquí), pero necesitaba uno que se derritiera. Para la próxima pizza probaré hacerlo yo, me cargó el que compré, muy pasado a aceite de coco y como dijo Javier, un amigo, el saborizante (vegano) sabe a saborizante de Cheetos.

Las caritas de perplejidad ante el hecho de que iban a comer pizza, el desconcierto de mirar el trozo y preguntar cómo se come, concluir que el queso derretido es caliente y oír decir a Pipe, “este es mi último trozo, estoy satisfecho”, me deja con una sonrisa en mi cara.

Juzguen ustedes sus expresiones 🙂

 

Caídas

Hace algunas semanas tuve un porrazo feo, no de esos con que te encuentras de cara con el suelo, si no de los que te dan contra la vida misma y debes revisar el modo en que estas haciendo las cosas y escuchar al tercero involucrado.

Estaba probando nuevamente la leche de oveja con Felipe, primera semana ok, segunda semana partimos bien, pero al día 10 comenzaron a aparecer pintas rojas en paladar blando, luego garganta, yo me preparaba para una faringitis, aparecieron decenas de vesículas en el arco entre paladar y faringe, se extendieron por el resto de la boca. Felipe sin presentar otros síntomas, lo llevé al pediatra. Mientras lo examinaba le digo que también tengo peos con caca, por si le sirve para el diagnóstico. Se da media vuelta (¿se acuerdan del meme de la ardilla dramática? así mismito) y me dice: este niño está teniendo reacción alérgica, ¿que ha estado comiendo ultimamente? Y yo ahí mismo me topé de golpe con el suelo, trataba de hablar y pensar al mismo tiempo, no me resultó. Me volví a sentar, hasta que mi cabeza coordinó con mi lengua y dije: leche de oveja. Al final de la consulta el dr. me tuvo que echar, literalmente, “tiene que pararse y salir”, yo estaba tan aturdida por el golpe que no reaccionaba. Me disculpé, tomé mi cartera, le di la mano a Pipe, que me esperaba en la puerta, y tuve que respirar bien bieeen hondo para no desmoronarme ante él.

Se suspendió la leche de oveja inmediatamente y al quinto día estábamos bien otra vez.

Al sexto día, ya no recuerdo ni por qué, ni de qué, ni de a dónde, ni nada, guatazo al suelo. Felipe me contó que la última semana había estado comiendo de las colaciones de sus compañeros. ¿Qué cosas? “Esas bolitas de chocolate, no de chocolate cacao (término que esa para referirse al chocolate sin leche), pero que son crujientes como cereal, y galletas, de todas esas que no puedo comer”.

Al menos tenía algunas certezas:

  1. Efectivamente su cuadro médico era reacción alérgica a un alimento.
  2. Me quedé con la duda si la reacción fue a la leche de oveja y a la de vaca o solo a la de vaca.
  3. Para averiguarlo debo esperar un tiempo para que se desinflame bien el intestino.
  4. Aún es alérgico a la proteína de la leche de vaca (APLV).
  5. Había que revisar las colaciones.
  6. Los niños crecen.

Moretones más, moretones menos, todos salimos golpeados, caminando lento por un nuevo sendero de la alergia alimentaria.

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