No estoy sola

Desde hace un par de años me cuestiono el por qué aún seguimos con la alergia alimentaria de los niños. Felipe ya cumplió 7 y Gabriela 5, son edades en que el tema debería estar superado… hace rato. Pero prueba tras prueba, aún está la evidencia de la persistencia de su APLV (y otras).

Casi todas las semanas en el grupo de mamás con niños con alergias alimentarias en que participo, aparecen post de despedida, anunciando que fueron dados de alta y muchas gracias por todo el apoyo y contención, y como 100 likes e igual número de parabienes.

Como cada cuatro semanas aparece un post de alguna mamá desesperanzada buscando que le digan que falta poco, preguntando “¿cuándo sus hijos superaron la alergia alimentaria?”, porque el suyo ya cumplió 2 y aún es APLV. Nunca respondo ya que, “el mío tiene 7 y aún seguimos en esto” no es algo que necesita oír. Pero un día lo hice, no se por qué, y en un derroche de egocentrismo dije que mis hijos de 5 y 7 años aún tienen alergia alimentaria y a la leche de vaca. Dos mamás más saltaron, sus hijos (de 6 y 7) aún tenían alergia. Fue una alegría y alivio tan grande saber que no estaba sola, que habían otras como yo, que no era una rareza, solo somos pocas. Me sentí acompañada, el sentimiento fue mutuo. No nos dimos consejos ni recomendamos médicos, solo nos abrazamos virtualmente. Nunca más me las he vuelto a topar, quizás algún día cuando alguna diga “¿saben que más? ¡acepto y asumo esta cosa! aún me sigue y persigue esta alergia alimentaria” o “¡lo logramos ctm! ¡gracias por todo y adiós!”

Por mi parte, la frase que sea, espero poder gritarla algún día.

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Cumpleaños nº 7

Ya son siete añitos. Siete añitos de conocer y vivir un mundo nuevo, un mundo que ni atisbaba a imaginar. Siete añitos llenos de amor y desafíos.

Y son seis añitos experimentando con la repostería vegana. Descubrir su existencia a endulzado y alegrado nuestras vidas y por su puesto, nuestras celebraciones. El turno de esta fue una torta de galletas Oreo.

Para la dicha de todas las madres con restricción alimentaria por APLV (alergia a la proteína de la leche de vaca) de su hijo y los niños con APLV, las Oreo, al parecer ya en todas las fábricas del mundo, son libres de proteína de leche de vaca, y para goce de los veganos, ninguno de sus otros ingredientes son de origen animal. Felices todos, les comparto esta exquisita torta que preparé para celebrar el cumpleaños número siete de Pipesaurio.

La receta original es del sitio Dimensión Vegana (tienen muchas recetas de todo, dulces, salados, quesos, panes, etc.), para verla click aquí.

Y mi versión, a continuación:

 

Torta de chocolate rellena de galletas Oreo (así la bauticé)

Ingredientes

2 paquetes de Oreo clásica (para la próxima usaré tres)

1/2 taza de pasta de maní (yo usé 1/2 tarro de manjar de soya, creo que también quedaría bueno con pasta de dulce de membrillo o una mermelada bien espesa)

1 taza 3/4 de harina

1/4 taza de cacao amargo en polvo

1 taza de azúcar

1 cucharadita de bicarbonato (le agregué también 1/2 de cremor tártaro)

1 taza de agua con 1 cucharada de café instantáneo (le puse solo el agua, no me la quise jugar con el sabor del café)

1 cucharada de vinagre

1 cucharada de escencia de vainilla

6 cucharadas de aceite

Preparación

Separar las galletas y hacer sanguchitos, alternando galleta, manjar, galleta, manjar, galleta, manjar. Para la próxima agregaré una capa más de galleta, encontré que bajó mucho una vez cocida la torta.

Distribuir las torres de galletas en el molde. Yo no hice quequitos, pues necesitaba un formato grande como para torta. Use un molde redondo de unos 24 cm.

Para preparar el queque, mezclar todos los ingredientes secos por un lado y los líquidos por otro. Unir y mezclarlos bien.

Cubrir las galletas con la masa de queque.

Hornear por 35 minutos a 175ºC (el molde de torta)

Decorar con crema de coco batida, merengue, cobertura de chocolate, o el antojo de su preferencia ( yo no alcancé a cubrirla).

 

Y las fotos 🙂

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El cumpleañero

 

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La torta de chocolate rellena de Oreos

 

Se abrió el cielo y bajó una pizza vegana

Gracias a que estoy haciendo prueba de maíz con Gabi es que pude crear este milagro, pues el queso vegano que venden en el mercado usa almidón de maíz. Hace años hice uno con almidón de mandioca, pensando en las restricciones alimentaria de esa época (Link al post aquí), pero necesitaba uno que se derritiera. Para la próxima pizza probaré hacerlo yo, me cargó el que compré, muy pasado a aceite de coco y como dijo Javier, un amigo, el saborizante (vegano) sabe a saborizante de Cheetos.

Las caritas de perplejidad ante el hecho de que iban a comer pizza, el desconcierto de mirar el trozo y preguntar cómo se come, concluir que el queso derretido es caliente y oír decir a Pipe, “este es mi último trozo, estoy satisfecho”, me deja con una sonrisa en mi cara.

Juzguen ustedes sus expresiones 🙂

 

Caídas

Hace algunas semanas tuve un porrazo feo, no de esos con que te encuentras de cara con el suelo, si no de los que te dan contra la vida misma y debes revisar el modo en que estas haciendo las cosas y escuchar al tercero involucrado.

Estaba probando nuevamente la leche de oveja con Felipe, primera semana ok, segunda semana partimos bien, pero al día 10 comenzaron a aparecer pintas rojas en paladar blando, luego garganta, yo me preparaba para una faringitis, aparecieron decenas de vesículas en el arco entre paladar y faringe, se extendieron por el resto de la boca. Felipe sin presentar otros síntomas, lo llevé al pediatra. Mientras lo examinaba le digo que también tengo peos con caca, por si le sirve para el diagnóstico. Se da media vuelta (¿se acuerdan del meme de la ardilla dramática? así mismito) y me dice: este niño está teniendo reacción alérgica, ¿que ha estado comiendo ultimamente? Y yo ahí mismo me topé de golpe con el suelo, trataba de hablar y pensar al mismo tiempo, no me resultó. Me volví a sentar, hasta que mi cabeza coordinó con mi lengua y dije: leche de oveja. Al final de la consulta el dr. me tuvo que echar, literalmente, “tiene que pararse y salir”, yo estaba tan aturdida por el golpe que no reaccionaba. Me disculpé, tomé mi cartera, le di la mano a Pipe, que me esperaba en la puerta, y tuve que respirar bien bieeen hondo para no desmoronarme ante él.

Se suspendió la leche de oveja inmediatamente y al quinto día estábamos bien otra vez.

Al sexto día, ya no recuerdo ni por qué, ni de qué, ni de a dónde, ni nada, guatazo al suelo. Felipe me contó que la última semana había estado comiendo de las colaciones de sus compañeros. ¿Qué cosas? “Esas bolitas de chocolate, no de chocolate cacao (término que esa para referirse al chocolate sin leche), pero que son crujientes como cereal, y galletas, de todas esas que no puedo comer”.

Al menos tenía algunas certezas:

  1. Efectivamente su cuadro médico era reacción alérgica a un alimento.
  2. Me quedé con la duda si la reacción fue a la leche de oveja y a la de vaca o solo a la de vaca.
  3. Para averiguarlo debo esperar un tiempo para que se desinflame bien el intestino.
  4. Aún es alérgico a la proteína de la leche de vaca (APLV).
  5. Había que revisar las colaciones.
  6. Los niños crecen.

Moretones más, moretones menos, todos salimos golpeados, caminando lento por un nuevo sendero de la alergia alimentaria.

Día de la Marmota

Muchas veces me he preguntado (y no me he respondido) qué pasaría si llega un día en que solo uno de los sauritos supera la alergia alimentaria. Incluso escribiéndolo me tupo en construir una respuesta.

Se volvería tan desigual la cancha… y solo me quedaría apelar a su comprensión/aceptación o lo que sea como han asumido esta restricción hasta el día de hoy.

Siempre el tener a alguien que le pasa lo mismo que a tí aliviana la carga pero, ¿y si tu partner es dado de alta y puede partir? Alegría y pena se cruzan y se mezclan, como el preso que sale en libertad, camina hacia la salida, mira hacia atrás y ahí está su compañero, y ya amigo, de celda de todos estos años; como el preso que ve salir en libertad a su compañero de celda, lo ve darse vuelta y que lo mira, después de todos estos años es también su amigo, pero continúa su camino y cruza la puerta de la prisión.

Con Pipe no veo para cuando podamos superar la APLV (de verdad, no en un pensamiento negro y desolador). Con Gabi, lo veo cercano, tanto como para ser mi próximo objetivo de prueba de alimento.

Y ahí comienza mi duda y tormento. Si Gabi pasa, ¿qué hago? ¿Sigo con la restricción alimentaria? o ¿celebramos? ¿Cómo se lo explico a Felipe? ¿que él pronto superará su alergia, tal como lo hizo su hermana menor? No, eso sería como cuando para mi cumpleaños vino el Papa J.P. II, mi mamá feliz (honestamente supongo) porque ¡qué lindo regalo que el Papa justo vino para mi día de cumpleaños!, y sopla las velas de la torta que nos vamos rapidito a Rodelillo para quedar bien adelante… y ahí pasé todo el 2 de abril del 87, bajo el sol, en un corral (A6 creo), apretujada de gente y aburrida. No tengo cómo pintarle bonito a Pipe que Gabriela ya no es APLV y él si, y que ya tampoco tengo estadísticas que me permitan decirle cuándo él también dejará de serlo, hace rato que somos repitentes.

¿Servirá que yo haga manda con él? No lo curará, pero tendrá un nuevo compañero de celda… no lo se… y vuelvo al principio de este post, como el Día de la Marmota (suspiro).

Un final feliz

En la convivencia de curso antepasada, de toda la lista de cosas para comer (y que debíamos llevar los padres) Gabi solo podía uno, el huevo duro. Seguí mi protocolo de siempre, le preparé potes con cosas similares a las que habrían y le avisé a la educadora que Gabriela solo podía comer, de lo solicitado, huevos duros, y que llevaba su colación en la lonchera. La cara que puso la profe fue tal que me angustié de solo verla. Me dieron como ganas de disculparme, “no eres tú, soy yo”.

Siguiente convivencia, día del alumno, nos pidió ayuda a mí y a la directiva para que organizáramos una lista de alimentos que Gabi si pudiera comer. Ella por su parte, mandó el siguiente mail a todo el curso:

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Yo insistí que no era necesario todo apto, con que hubieran alternativas para que pudiera elegir, feliz, pero finalmente solo hubo un ítem que Gabi no podía (pancitos queso tomate y queso jamón).

La lista fue la siguiente:

  • brochetas de fruta
  • pasas
  • frutos secos
  • queque casero sin proteína de vaca
  • quinoa pop
  • potes de jalea
  • barras de cereal arroz miel (dato de apoderado encontrado en negocio chino)
  • huevos duros
  • palitos de zanahoria y apio
  • aceitunas
  • cereales cuadraditos marca Quaker
  • pancitos queso tomate sin mantequilla (lo intentaron)
  • pancitos queso jamón sin mantequilla (se valora el gesto)

 

Cuando fui a dejar a Gabi en la mañana, con su aporte de brochetas de fruta, la cara de la educadora era otra, a parte de la sonrisa no sabría decir qué era lo otro distinto, pero parecía como que respiraba tranquila.

¿Y Gabriela? Cuando la fui a buscar a la salida venía feliz, me contó todo lo que había comido, pero una sola frase me fue más que suficiente para llenar de felicidad mi corazón: “mamá, no tuve que sacar de la colación que me mandaste en la lonchera”

(porque si, yo la crazy mom, en mi mundo de las alergias alimentarias, cabía la posibilidad que todo fallara, trajeran otras marcas de cereal, contaminaran los queque o se cayeran al suelo… en fin, la cosa es que igual le mandé un par de cosas de refuerzo)

 

Y colorín colorado

esta historia con un final feliz

ha terminado.

Manzanas asadas rellenas

Ayer llegó Gabisauria sosteniendo un libro, para mostrarme la receta que quería preparar. En un vistazo rápido vi que era factible de hacer, modificando solo un ingrediente, la leche condensada, que reemplazamos por una cucharadita de azúcar rubia.

Quedaron bellas y deliciosas. A continuación les dejo la receta original, nuestra adaptación y por su puesto, foto de nuestras manzanas rellenas recién salidas del horno.

 

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Fuente: Los Animales Cuentan 365 Historias, Dolores Lanzas, Servilibro Ediciones S.A.

 

Nuestra versión:

 

Ingredientes

manzanas

1cucharadita de pasas (las picamos pues eran grandes) por manzana

1/2 cucharadita de nueces picadas por manzana

1 cucharadita de azúcar rubia por manzana

jugo de naranja

 

Preparación

Lavar las manzanas y sacar el carozo (nosotros aplicamos cuchillo).

Rellenar con las pasas, nueces y azúcar. Verter en el relleno jugo de naranja, poco a poco, hasta que ya no se absorba y haga pocita arriba, si chorrea, mejor.

Agregamos un poco de agua en la budinera, solo para cubrir el fondo y aportar humedad en la cocción.

Al horno por 30 minutos a 220 ºC y este fue el resultado…

 

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