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Huevitos de Pascua 2017

En marzo de este año hicimos prueba de cacao, la cual pasamos con éxito 🙂 Vítores varios, tengo un par de sauritos que se han acostumbrado a comer chocolates desde un 55% hasta un 72% cacao (obviamente sin leche) y encontrarlos deliciosos, y yo he tenido que aprender a compartir mis chocolates con ellos (lo cual ha despertado en mi un instinto cavernícola, en que me aflora el egoísmo de tener que dar un cuadradito de chocolate… de mi preciado chocolate).

En fin, esto abrió una nueva expectativa para los huevitos de pascua de este año: huevitos de chocolate.

No hice una búsqueda exaustiva con tiempo de huevitos sin leche, por lo que finalmente envolvimos cuadraditos en papel alusa y los pusimos dentro de nuestros huevos plásticos, en donde también pusimos, como es costumbre, algunos juguetitos y pinches.

Como siempre, disfrutamos el ritual completo: esconder los huevitos, buscarlos, revisar el botín y repartirlo equitativamente. ¡Ah! y tanto ellos como nosotros pasamos por la experiencia de esconder y buscar.

Mi objetivo para la próxima pascua será tenerles huevitos DE chocolate y no chocolates EN huevitos, aunque quién sabe, en una de esas ya no tendré que hacer esa tarea, si no solo simplemente ir al super y comprar 🙂

huevitos_pascua_2017

 

Del otro lado de la vereda

El lunes pasado me enfrenté a una situación totalmente novedosa para mí, estar al otro lado de la vereda.

Gabisauria estaba de cumpleaños y llevó quequitos para compartir con sus compañeros y tías. Me esmeré en un merengue bellamente rosado, decorado con una guinda (Gabi me dijo, mamá, para otra vez no le pongas guindas, casi todos los niños se la sacaban). Eran APLV aptos y libres de maíz, pero no libre de gluten, y una de las tías no pudo comerlos pues era celiaca.

Me sentí horrible, llevaba cosas especiales para comer y ella no iba a poder compartirlas. De repente sentí como se deben sentir Pipe, Gabi y muchos otros niños alérgicos que miran mientras los demás comen de una torta o galletas que se ven ricos, manos vacías, bocas vacías, ¿en qué pensarán ellos cuando viven esa situación? Mi esfuerzo para esas ocasiones es que no les falte comida de la que pueden comer, para que al menos sus manos y bocas no estén vacías, pero lo que yo les mando es visualmente distinto (sobre todo entre tanto cupcake y candy bar) y no está en la misma mesa.

Ese día me deshice en disculpas y me dieron ganas de ir a preparar o comprar un queque para celíacos, pero lunes 7:45 am, no era viable.

Entró en mi lista de desafíos culinarios un queque sin gluten, porque todos tenemos el derecho a compartir junto a los demás los alimentos de una celebración, pues esta es parte esencial de nuestra cultura. Y porque quiero que todos compartan decido cruzar a la vereda de al frente, ¡bienvenida harina de coco y arroz!

 

Pd1: mis agradecimientos infinitos a todos los que han puesto un plato en la mesa del cual si pueden comer mis hijos.

Pd2: no hay fotos de los quequitos pues olvidé tomarles una.

Galletas de manzana

El fin de semana antepasado probamos una nueva receta de galletas. Vagando por twiter o face di con ella. Es de un sitio vegano, que he visitado otras veces, así que con optimismo le eché un vistazo, chequeé ingredientes y ¡manos a la masa!

Primero que nada, ¡la masa es una Joda! Segundo, son exquisitas, super blandas y no se ponen duras al día siguiente. Vale el pegoteo para probarlas. ¡Ah! y lo tercero, me las promocionaron como “galletas con huella de dinosaurio”, pero como podrán ver en las fotos, pasó el Dakar por encima y borró todo vestigio paleontológico. Por suerte, Pipe valora más una galleta que una galleta con huella de dinosaurio 🙂

La fuente está en Dimensión Vegana, como es una página de face no creo que aún esté en los primeros post, pero les dejo la receta original con las observaciones entre paréntesis de mi versión (que es prácticamente la misma).

 

Galletas de manzana

Ingredientes

1/2 taza de margarina (yo usé manteca vegetal, Astra tiene una versión pastelera que me ha resultado muy bien)

3/4 taza de azúcar

1 taza 3/4 de harina

1 manzana rallada finita (usamos 2 manzanas verdes pequeñas, las molimos en la pimer y salió como 1 taza de puré)

1/2 cucharada de maicena (sustituida por chuño)

1 cucharadita de bicarbonato

1 cucharadita de polvos de hornear (sustituida por nuestra mezcla de cremor tártaro y bicarbonato)

pizca de sal (no le eché)

ralladura de un limón

1 cucharadita de esencia de vainilla

Preparación

Mezclar todo, hacer una masa, envolver en film plástico (AluPlast o equivalente) y poner una hora en el congelador. Aquí un par de consejos, homogenizar primero los ingredientes secos antes de agregar a la mezcla; y al hacer la bola de masa, achatarla como tortilla antes de meterla al frezer, para que así también se endurezca el centro, porque mientras más firme esté la masa (sin congelarla), más fácil resulta hacer las galletas.

Se forman las galletas haciendo bolitas, poniéndolas en la lata y aplanándolas con una pata de dinosaurio. La segunda bandeja de galletas, después de ver el fiasco de la huella de dino, las aplané con un tenedor, y al final eso quedó más parecido a vestigio paleontológico que el velocirraptor que usamos. El otro dato para hacer las galletas es pasar por harina el utensilio que se use para aplastar la galleta (ese es el polvo blanco que se ve en las fotos), así la masa no se pegotea tanto a la pata o tenedor en este caso.

Horno a 175º C o temperatura media por 10 minutos, las nuestras estuvieron listas en 8.

 

Aquí algunos registros del proceso: las galletas con la huella antes de entrar al horno, el modelo, la ayudante y las galletas de ¿huella de dinosaurio? recién salidas del horno 🙂

 

Althéra o tiempos pretéritos

Hace un par de días llegó a mí un tarro de Althéra para ser donado.

Fue muy raro verlo salir de esa bolsa rojo intenso y después contemplarlo sobre la mesa del comedor, como si fuera un viejo conocido que vuelve a visitarte después de un largo viaje, como si el centro de la mesa siempre hubiese sido su lugar. Estaba cambiado, tenía nueva etiqueta, una de líneas más delgadas y degradé en sus tonos rosa, se veía más grande, yo lo recordaba más pequeño, pero tenía los mismo 450 gr que duraban 4 días (lloro al recordarlo).

Hace casi 3 años que no entraba un tarro de esos a mi casa, y ahora está ahí, sentado al lado mío mientras escribo este post. Tengo una ganas locas de que vengan pronto a buscarlo.

 

tarro-althera

 

Suena el timbre, es una mamá con un niño de casi cuatro años, los miro y ninguno parece ser alérgico alimentario, en este caso, APLV. Y es así como nos vemos, nada pasa hasta que nos ofrecen comida, nada pasa hasta cuando vamos al supermercado a comprar y gastamos 20 minutos extras leyendo las etiquetas, nada pasa cuando sales a casas de amigos o cumpleaños y a la hora de comer sacas tus potes con snacks, hasta ese entonces, solo somos una mamá con sus hijos.

Le entregué el tarro en la misma bolsa rojo intenso, nos despedimos y se fue. Una rara sensación de alivio me invadió cuando nuevamente la mesa del comedor estuvo vacía, demasiados recuerdos desempolvados con solo la presencia de ese tarro en mi casa.

¿Todavía?

Esta pregunta me la hecho muchas veces en silencio. Al parecer, me da miedo responderla.

Cuando la hacen otros, especialmente padres de hijos ex aam (alérgicos alimentarios múltiples) o aplv (alérgicos a la proteína de leche de vaca), siento que mi cara se pone pálida de la poca sangre que comienza a llegar a eso que está sobre los hombros. Ni siquiera podría decir que es tristeza, angustia o rabia; es algo parecido a la vergüenza, como si todos pasaran de curso y yo soy repitente eterna.

Estadísticamente se supone que, a los dos años el 60% de los niños habrán superado sus alergias, y que a los tres años, lo habrá logrado el 95%. Yo soy el 5% restante. Me voy quedando sola en la sala de clases mientras todos los demás se van a casa.

A mitad de camino con esta enfermedad, la gastro nos decía que algunos niños podían quedar con alergia a un par de cosas hasta grandes. A mí eso no me significaba ningún problema, en cuanto habíamos comenzado con tolerancia de cinco alimentos, pasar a intolerancia de solo dos, sonaba fantástico. Hoy, me opongo a ese potencial par de alergias alimentarias remanentes. NO QUIERO MÁS ALERGIAS ALIMENTARIAS.

Pensando en ese 5% me cuestiono, ¿estaremos haciendo bien la prueba de alimentos? ¿estaré inflando los síntomas, los veré de verdad mayores de lo que son? ¿y si cambiamos de médico? ¿seré yo la que mantiene esta enfermedad existiendo?

Y por mientras sigo aquí, sentada en el último banco ocupado de esta sala de clases, la cual tiene un gran pizarra donde está escrita una única frase “Alergia Alimentaria Múltiple”.

 

 

 

Galletas de Camote

Tenía camote y quería hacer algo distinto con él. Pensaba hacer el queque de zapallo, reemplazando el zapallo por camote, pero eso no satisfacía mi búsqueda de algo distinto.

Le encargué a Juanjo (mi lindo marido) que me buscara recetas, y obvio que él me encontró casi el libro de los mil y un usos mundiales del camote, de entre todas esas recetas elegí Sweet Potato Biscuit (aquí link a receta original).

Hubo que hacer muy pocos ajustes en los ingredientes utilizados, y para los niños fue muy entretenido de hacer, es una masa que se manipula facilmente, no se pegotea ni se uslerea y tiene la consistencia para usar cortadores de galletas (con formitas, por su puesto). Es una experiencia repetible  🙂

 

Galletas de Camote

Ingredientes

2 y 1/2 tazas de harina

2 cucharadas soperas de polvos de hornear (si, está bien, son soperas) (sustituimos los polvos por la mezcla de bicarbonato más cremor tártaro, para que fueran Gabi aptas)

1 pizca de clavo de olor u otras especias (nosotros usamos 1/2 cucharadita de té de canela)

1/4 cucharadita de té de sal (aquí bajamos la sal a la mitad respecto a receta original, pues usamos bicarbonato de sodio)

1/4 de taza de azúcar morena (usamos rubia y para la próxima vez le echaría el doble)

1/2 taza de manteca vegetal (sustituimos la mantequilla por más manteca)

1 y 1/2 taza de puré de camote

la leche no la usamos

Preparación

Cernir la harina con los polvos de hornear, sal y especias. Incorporar el azúcar con los dedos (ni idea porque se hace con los dedos, pero aquí comenzó la parte entretenida para los sauritos).

Poner la manteca en la harina e ir cortando hasta que vaya quedando granuloso (segunda fase bacán, porque Pipe pudo usar un cuchillo -de palo- para cortar).

Agregar el puré de camote y mezclar con las manos hasta que se forme un bolo (fase máxima de diversión).

Estirar la masa en un círculo (de nuevo, ni idea por qué un círculo, pero sirve para repasar las figuras geométricas) de 1 cm de alto. Cubrir con papel film (reemplazamos con este la toalla de la receta original) y dejar reposar por 10 minutos.

Encender el horno y calentar a 220ºC (horno fuerte).

Cortar las galletas y poner en bandeja sin enmantecar, se puede poner leche para pintar (íbamos a sustituirla por leche vegetal), pero al final no la usamos.

Hornear por 10 a 12 minutos o hasta que se doren. Puse un timer de 10 m’ y a los 8 me di cuenta que estaban empezando a quemarse. No se si al poner las galletas en el horno se debe bajar la temperatura, o las nuestras las hicimos más pequeñas que las de la receta original, pero para un diámetro de 4 a 5 centímetros fue mucho el tiempo de cocción.

Salen aproximadamente 60 galletitas.

Nota: para mi gusto las galletitas no son en realidad galletitas, si no más bien scones, por eso para la próxima receta le pondré más azúcar.

Aquí la foto de rigor.

galletas_camote

Galletas de Camote

 

 

 

 

Decepciones

Estoy triste, tengo rabia y angustia. Les cuento el por qué.

Hace un par de semanas atrás comencé una nueva prueba de alimento: leche de cabra (en formato manjar, cortesía de Mauricio y Natalia, ¡gracias chicos!) ¡De comercial la cara que pusieron los sauritos al probar por primera vez el manjar de leche de cabra! Comenzamos poco a poco. Primer día, media cucharadita de café, segundo día, ídem, tercer día, una cucharadita de café y así continué hasta completar la semana (los dos últimos días fueron cucharaditas de café chorreantes de manjar). Pero con Pipe tuve que parar al día 5.

Al tercer día vi que mi minialérgico tenía como polvillo blanco en una parte de la cabeza, le sacudí el pelo y cero importancia al asunto. Al quinto día de nuevo… Le pregunté dónde se había metido, y obviamente la respuesta fue “en ningún lado”, así que le revisé la cabeza y ahí estaba, una vieja conocida: dermatitis seborreica.

Cuando Pipe era bebé y aún no le habían diagnosticado la alergia alimentaria, tuvo dermatitis seborreica, super severa, tenía una gran costra cerosa amarillenta y perdió casi todo el pelo. Tuvo tratamiento con tres champús distintos y nada, finalmente lo que le sirvió fue vaselina con ácido salicílico. Ese fué mi primer encuentro con la dermatitis seborreica.

Mi segundo encuentro fué hace uno o dos años atrás, pero no recuerdo ese episodio asociado a ninguna prueba de alimentos.

Ahora, coincidencia o no, con la prueba de manjar de leche de cabra apareció por tercera vez. Suspendí el alimento y comencé a tratar la dermatitis. Este fin de semana completamos el tratamiento, las costras grasas ya no están, así que dejando pasar otro par de semanas por si reaparece la dermatitis seboreica, retomaríamos la prueba de manjar en la segunda quincena de Julio.

Sueño, espero, deseo que haya sido una coincidencia, pero se que la frustración con la alergia alimentaria es así, la coincidencia se transforma en una excelente excusa para negar o explicar los síntomas. Recuerdo cuando Gabi era alérgica a la avena y se enronchaba entera, solo se salvaba la cara. Justo en un episodio de reacción teníamos hora con un endocrinólogo, el cual al verla dijo que era un exantema súbito, cuadro viral bla-bla… En mi estresada cabecita se encendió un luz de esperanza y recuerdo haber estado frente al ascensor, en el -1, decidiendo si subía al segundo piso para que la viera la pediatra. No subí. Recapitulando antecedentes concluí (lo que ya había concluido anteriormente) que cuando mi minialérgica probaba avena se enronchaba entera, y que pucha la mala suerte de agarrarse un exantema súbito de un virus que estaba esperando que Gabi comiera avena para atacar.

La coincidencia sigue siendo una esperanza, y el saber que la coincidencia puede ser una ilusión, un espejismo, una realidad alternativa… rompe un poco el corazón.

Hoy Gabisauria llevó un pan con manjar de leche de cabra, Pipesaurio un pan con dulce de membrillo. No se por qué esa victoria no me sabe dulce :´(

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