Archive | September 2014

La zanahoria que me robó una sonrisa

Hace varios meses atrás escribí un post sobre mi primera experiencia dándole zanahoria a Gaby. Se enronchó entera y le duró una semana el prurito.

Hace un mes atrás, lo volví a intentar. Una cucharita de té rasa repartida en tres comidas, una cucharita de té colmada repartida en tres comidas, una cucharada rasa repartida ídem… y nada 🙂 Di el salto a media zanahoria mediana y no hubo reacción.

Por fin pude sonreír con tranquilidad de que habíamos pasado la prueba e incorporábamos el alimento número 11 al repertorio de Gaby.

zanahoriasonrie

No puedo darte todo

Así de simple, no puedo darte todo, aunque a veces quiera creerlo.

Por más que lo intente, no puedo darte el mismo escenario de normalidad en el que viven los niños que no son alérgicos alimentarios.

No puedes ir a la plaza sin tu lonchera de colaciones, porque si te da hambre, no es llegar e ir al kiosko de la esquina (además que uno latea harto pidiendo cosas para leer detalladamente los ingredientes y después devolverlas).

No puedes participar de un asado de 18, pues aunque comas cerdo y pavo, esa carne no puede estar en contacto con vacuno y por sobre todo pollo, en que ni siquiera pueden poner tu carne en algún lugar donde hubo plumífero.

Las celebraciones del día del niño en el jardín (y otras celebraciones grupales), se siguen restringiendo a tus potes plásticos con colaciones.

La celebración del partido de Chile no fué con almuerzo especial de salchichas, si no con lo que comes todos los días.

En los cumpleaños de amigos y compañeros, el plato con tus dulces o la bolsa de sorpresa y piñata, pasa casi integramente a nosotros, tus padres. De eso, solo puedes comer gomitas y marshmallows (por su puesto, siempre enviamos potes con colaciones y una tortita especial para tí).

El cóctel marino para celebrar el mes del mar en el jardín, fue para tí, pan pita Castaño con palta (con un intento -fallido- por darle forma de pescado a tus canapés).

Al último cumpleaños que fuiste y que estuve contigo, me impresionó tu autorregulación con todas las cosas que habían para comer en la mesa. Ni intentaste tocar o preguntar si podías comer de las galletas, queques, suflés y otros. Te remitiste a las gomitas de tu plato, y ante lo que parecía un marshmallows gigante, me preguntaste si tenía “leche de vaca, huevo”… no tenía, y te devoraste la sustancia. Si yo no hubiese llevado el arsenal de potes con snaks, solo esas dos cosas hubieras comido esa tarde: gomitas y sustancia.

Esa es tu realidad y esa es mi realidad, y me duele.

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