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Galletas, experimento nº82

Esta es la misma receta de galletas de limón de un post antiguo, pero incorporé un poco de manzana rallada para aportar humedad y no correr el riesgo a que se endurecieran al día siguiente; luego, miré la masa y me pareció que un poco de textura le vendría super bien, así que le tiré un puñado de avena (en realidad, se me había pasado la mano con el agua, tenía que solucionar eso si o si, pero elegí avena en vez de más harina).

Los niños eligieron decorar con estrellas y corazones, mi opción eran pasas, pero no tuve quórum, azúcar y colores ganó.

Las galletas quedaron riquísimas, blandas y de muy buena textura. Eché de menos un poco más de azúcar, quizás la avena y manzana (estaba ácida) extra le quitaron dulzor, pero las cortaba como si fueran scones y les ponía dulce de manzana casero… enviciante.

 

Galletas, experimento nº82

 

Ingredientes

180 gr harina

50 gr chuño (o maicena, según alergia)

100 gr azúcar

1 cucharadita polvos de hornear (¼ cucharadita de bicarbonato más ½ cucharadita de cremor tártaro)

4 cucharadas de aceite

1 puñado de avena

ralladura de 1 limón

½ manzana rallada fina (la manzana sustituye la leche de soya de la receta original)

agua necesaria para unir los ingredientes y formar el bolo de masa

 

Preparación

Mezclar todos los ingredientes secos.

Añadir la ralladura de limón, aceite y puré de manzana. Revolver, integrando bien, agregar un poco de agua si le faltara humedad a la masa.

Con una cucharita poner porciones de masa en una lata. Decorar con pasas, frutos secos, mostacillas, etc.

En horno precalentado, hornear por 12 minutos a 175 C.

 

galleta_82

Decepciones

Estoy triste, tengo rabia y angustia. Les cuento el por qué.

Hace un par de semanas atrás comencé una nueva prueba de alimento: leche de cabra (en formato manjar, cortesía de Mauricio y Natalia, ¡gracias chicos!) ¡De comercial la cara que pusieron los sauritos al probar por primera vez el manjar de leche de cabra! Comenzamos poco a poco. Primer día, media cucharadita de café, segundo día, ídem, tercer día, una cucharadita de café y así continué hasta completar la semana (los dos últimos días fueron cucharaditas de café chorreantes de manjar). Pero con Pipe tuve que parar al día 5.

Al tercer día vi que mi minialérgico tenía como polvillo blanco en una parte de la cabeza, le sacudí el pelo y cero importancia al asunto. Al quinto día de nuevo… Le pregunté dónde se había metido, y obviamente la respuesta fue “en ningún lado”, así que le revisé la cabeza y ahí estaba, una vieja conocida: dermatitis seborreica.

Cuando Pipe era bebé y aún no le habían diagnosticado la alergia alimentaria, tuvo dermatitis seborreica, super severa, tenía una gran costra cerosa amarillenta y perdió casi todo el pelo. Tuvo tratamiento con tres champús distintos y nada, finalmente lo que le sirvió fue vaselina con ácido salicílico. Ese fué mi primer encuentro con la dermatitis seborreica.

Mi segundo encuentro fué hace uno o dos años atrás, pero no recuerdo ese episodio asociado a ninguna prueba de alimentos.

Ahora, coincidencia o no, con la prueba de manjar de leche de cabra apareció por tercera vez. Suspendí el alimento y comencé a tratar la dermatitis. Este fin de semana completamos el tratamiento, las costras grasas ya no están, así que dejando pasar otro par de semanas por si reaparece la dermatitis seboreica, retomaríamos la prueba de manjar en la segunda quincena de Julio.

Sueño, espero, deseo que haya sido una coincidencia, pero se que la frustración con la alergia alimentaria es así, la coincidencia se transforma en una excelente excusa para negar o explicar los síntomas. Recuerdo cuando Gabi era alérgica a la avena y se enronchaba entera, solo se salvaba la cara. Justo en un episodio de reacción teníamos hora con un endocrinólogo, el cual al verla dijo que era un exantema súbito, cuadro viral bla-bla… En mi estresada cabecita se encendió un luz de esperanza y recuerdo haber estado frente al ascensor, en el -1, decidiendo si subía al segundo piso para que la viera la pediatra. No subí. Recapitulando antecedentes concluí (lo que ya había concluido anteriormente) que cuando mi minialérgica probaba avena se enronchaba entera, y que pucha la mala suerte de agarrarse un exantema súbito de un virus que estaba esperando que Gabi comiera avena para atacar.

La coincidencia sigue siendo una esperanza, y el saber que la coincidencia puede ser una ilusión, un espejismo, una realidad alternativa… rompe un poco el corazón.

Hoy Gabisauria llevó un pan con manjar de leche de cabra, Pipesaurio un pan con dulce de membrillo. No se por qué esa victoria no me sabe dulce :´(

Tortilla de espinaca o de cómo sonreir con detalles simples

El otro día no tenía carne, porque hubo descoordinación con la entrega del pedido, se acercaba la hora de comer y qué demonios iba a hacer. Los sauritos tienen que comer proteína animal a diario, en una dosis un poquito más alta, pues no tienen la fuente de la leche de vaca que normalmente tienen los niños de su edad.

Huevos, en el refri habían huevos y algo de espinaca, lo que daba como respuesta: ¡tortilla!

En verdad, desde que los minialérgicos incorporaron el huevo, me aliviaron el trabajo en la cocina preparando cosas de último minuto o de emergencia, y envidié a todas las madres que podían hacer fideos con huevos así como si nada si no había nada listo, qué fácil las tenían.

Volviendo a la tortilla. Desde que apliqué paciencia, las tortillas me quedan perfectas, esponjosas y no se me pegan. Logré esa paciencia dejando el sartén con la mezcla a fuego bajo, pongo 8 minutos en el timer y me voy, luego vuelvo, la doy vuelta, pongo 6 minutos en el timer y me voy, vuelvo, apago el fuego ¡y la tortilla ya está lista! Esta vez le puse un par de cucharadas de avena para darle más contundencia (¿les conté que Gabi ahora come avena?).

Los sauritos estaban fascinados y recibí puros halgos, me pidieron que les mandara tortilla para el almuerzo del día siguiente. Para mí era suficiente ver el entusiasmo y disfrute con el que comían, y que estaban comiendo algo que costó dos años incorporar en Pipe y un año en Gabi: huevo.

Una sonrisa en mi cara y un corazón contento, todo gracias a una tortilla de espinaca.

44 y n -1

44 y n -1

Esos son, respectivamente, los alimentos que puede comer Gabi y Pipe 🙂

Gabi ha tenido en los últimos meses (yo diría que desde el quiebre del trigo #ctm en adelante) un tremendo avance en alimentos tolerados, y este verano fue el verano de la proteína: huevo y pescado. Ni en sueños me hubiese imaginado ambos logros consecutivos, enero fue el huevo, febrero el pescado (el fin de semana probó salmón y daba entre gusto y miedo verla comer, uno llega disfrazado de salmón y Gabi inmediatamente iniciaría una persecución tenedor en mano). También se sumaron la uva y la avena (pucha que fue difícil incorporarla).

Pipe, a quien ya le cuento las cosas que no puede comer, logró finalmente, después de dos años de prueba, incorporar el huevo 🙂

Definitivamente este verano 2016 fue un verano productivo (inserte una gran sonrisa y un corazón redondito aquí).

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