2017

El año pasado tuvo de dulce y de agraz.

El apoyo de mi comunidad respecto a las alergias alimentarias de mis hijos fue muy emocionante, me sobrecoge ver la intención y la disposición por ayudar a Felipe y Gabriela a incorporarlos en las rutinas que involucran comidas: fiestas patrias, paseos de curso, celebraciones de fin de año, etc.

En las celebraciones dieciocheras ellos pudieron compartir empanadas con sus compañeros, la única diferencia era que las de ellos tenían carne de cerdo y la masa era de manteca vegetal, también comieron alfajores aptos, que en vez de manjar tenían mermelada.

Pipe tuvo varias disertaciones de países, en que prácticamente todos llevaban comida típica para entregar. Muchos apoderados tuvieron el gesto de llamarme y preguntar si Pipe podía comer lo que habían preparado, y si no era apto, le llevaban una alternativa. Ni se imaginan lo feliz que era él las veces que si podía comer lo mismo de sus compañeros.

Los cumpleaños de las tías, día del alumno, celebración fin de año, siempre fueron con quequitos que pudiera comer todo el curso, para todos era el mismo quequito. Nunca he podido expresarle a la directiva del curso de Pipe mi enorme agradecimiento por esto, supongo que escribir es lo mío, no hablar.

En el paseo de curso de Felipe les llevaron hamburguesas especiales para mis dos alérgicos, y a pesar de que se les quedaron en Santiago (y estabamos como por Pirque), recorrieron todos los almacenes hasta encontrar una maldita hamburguesa de pollo y cerdo.

Y así, tantos pequeños gestos que guardo con una sonrisa al verle brillar los ojitos a mis hijos cuando hay algo que pueden comer.

¿De agraz? Algunos retrocesos…

Gabi tuvo que retirar el pollo de la dieta, y en consecuencia, se acabaron las misteriosas diarreas. Hay post especial dedicado a ese capítulo (link aquí).

Descubrimos que los chocolates Costa, que no declaran en sus ingredientes leche, si tienen trazas. Salieron de la dieta también. Al menos no era el cacao que provocaba la reacción.

Después del 18 de septiembre inicié prueba de leche de cabra. Les gustó a los chicos y yo feliz porque finalmente podía darles una leche de verdad, rica en proteínas y calcio. Felipe a las dos semanas comenzó con heridas en la nariz, estaba pelada, exudaba y se hacía esa costra amarillenta, la piel sangraba, en resumen, se veía cada vez más horrible. Me resistí al pensamiento de la alergia a la proteína de la leche de cabra, irresponsablemnte me resistí. Le puse cremas varias, le di antialérgicos… solo me faltó darle corticoides. Al mes o mes y medio suspendí, con dolor, la leche de cabra y sanó la cochina nariz. A las dos semanas hice contraprueba y ya se imaginan que pasó.

Al menos Gabi si pudo incorporarla y es feliz, sobre todo porque encontramos yogurt de leche cabra que le pone a sus cereales (en la foto adjunta). Con el queso de cabra no hubo caso, al par de horas después de ingerirlo ambos partían al baño y diarrea. Revisé ingredientes, me aseguré que fuera pasteurizado y nada. Pregunté al grupo de padres de niños con alergias alimentarias y aplv y un par respondió mi duda: el cuajo. El cuajo, que llevan todos los quesos lo hacen con renina que se extrae del estómago de la vaca (en Chile no se autoriza otro origen animal). Y eso era, el queso de cabra venía contaminado con vaca.

cereales con yogurt natural de leche de cabra, almendras y cranberries


De dulce y de agraz, adiós 2017, bienvenido 2018.

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