Etiquetas

Ultimamente estoy cansada de leer etiquetas, no hay ninguna dicha en estar leyendo esa letra chica, que además leo dos veces (incluso tres o le pido a Juanjo que me confirme lo que leí, y él lo lee además dos veces para estar seguro, por lo que le dedicamos finalmente como 5 minutos al paquete de galletas leyendo al menos 5 veces sus ingredientes, además de discutirlos) por si se me pasó algo en la primera. Y una de las cosas que más me agota e irrita de esta lectura es ¡que me cambian los ingredientes de productos que ya tenía chequeados! ya sean como aceptados o como rechazados. Y no, no es ninguna alegría que ahora puedan comer pan pita Ideal y no solo los Castaños como antes, primero porque tengo que revisar todas las variedades de pan pita Ideal; segundo, eso no me asegura que entre en la canasta de los alimentos tolerados pues, ¿cuándo me cambiarán de nuevo la receta?; tercero, y lo más importante para mí, ¿cómo educo a los sauritos? ¿cómo les enseño cuáles  alimentos aceptar si me estan cambiando los ingredientes?! ¿Simplemente les restrinjo innecesariamente el espectro de productos que pueden comer? Si, restrinjo su repertorio de productos aptos y cada cierto tiempo, releo los ingredientes de los que consumen.

Galletas, panes, embutidos, margarinas, yogurt, pastas, golosinas, enlatados, colados, ketchup, todo, absolutamente todo se lee, incluso me tocó leer una vez los ingredientes de una pasta de dientes que finalmente era la que le provocaba reacción a Gabi, y todo se relee cada cierto tiempo. Hace un año atrás los niños estaban con reacción, no sabía que es lo que era, puesto que no había nada nuevo y habían estado solo conmigo, por lo que haber comido algo afuera no era posible, hasta que tocó el turno de releer el pan de molde Castaños integral light y ahí, como último ingrediente estaba la “leche descremada” ¡Grande fue mi cabezazo contra la muralla! porque aunque sea por negligencia, era mi responsabilidad haberles dado ese alimento.

Quiero que pronto llegue el día en que no tenga que leer ni releer ninguna etiqueta, solo comprar algo porque me gusta, porque su relación precio calidad me parece bien o porque está en oferta, y no porque es lo que si pueden comer Pipe y Gabi.

No reniego de la facilidad y el ahorro de trabajo que da el comprar cosas elaboradas, ni la alegría de poder comprarles cosas industrialmente hechas, sobre todo porque se siente un poco más “normal” la vida, pues comen cosas que comemos todos. Pero encontrarme con esa variación en los ingredientes es irritante, pues me hace dudar de lo que leí las otras veces y me hace dudar de mi lucidez para cuidarlos, además de provocar reacciones alérgicas en los sauritos.

Este último tiempo he puesto en duda que vaya a dejar de leer los ingredientes, así que por mientras podrían tener la consideración de avisar el cambio con rotulados como “nueva receta”, “ahora con más sabor”, qué se yo, algo que me ayude en la tarea de leer y releer ingredientes.

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