Althéra o tiempos pretéritos

Hace un par de días llegó a mí un tarro de Althéra para ser donado.

Fue muy raro verlo salir de esa bolsa rojo intenso y después contemplarlo sobre la mesa del comedor, como si fuera un viejo conocido que vuelve a visitarte después de un largo viaje, como si el centro de la mesa siempre hubiese sido su lugar. Estaba cambiado, tenía nueva etiqueta, una de líneas más delgadas y degradé en sus tonos rosa, se veía más grande, yo lo recordaba más pequeño, pero tenía los mismo 450 gr que duraban 4 días (lloro al recordarlo).

Hace casi 3 años que no entraba un tarro de esos a mi casa, y ahora está ahí, sentado al lado mío mientras escribo este post. Tengo una ganas locas de que vengan pronto a buscarlo.

 

tarro-althera

 

Suena el timbre, es una mamá con un niño de casi cuatro años, los miro y ninguno parece ser alérgico alimentario, en este caso, APLV. Y es así como nos vemos, nada pasa hasta que nos ofrecen comida, nada pasa hasta cuando vamos al supermercado a comprar y gastamos 20 minutos extras leyendo las etiquetas, nada pasa cuando sales a casas de amigos o cumpleaños y a la hora de comer sacas tus potes con snacks, hasta ese entonces, solo somos una mamá con sus hijos.

Le entregué el tarro en la misma bolsa rojo intenso, nos despedimos y se fue. Una rara sensación de alivio me invadió cuando nuevamente la mesa del comedor estuvo vacía, demasiados recuerdos desempolvados con solo la presencia de ese tarro en mi casa.

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