Decepciones

Estoy triste, tengo rabia y angustia. Les cuento el por qué.

Hace un par de semanas atrás comencé una nueva prueba de alimento: leche de cabra (en formato manjar, cortesía de Mauricio y Natalia, ¡gracias chicos!) ¡De comercial la cara que pusieron los sauritos al probar por primera vez el manjar de leche de cabra! Comenzamos poco a poco. Primer día, media cucharadita de café, segundo día, ídem, tercer día, una cucharadita de café y así continué hasta completar la semana (los dos últimos días fueron cucharaditas de café chorreantes de manjar). Pero con Pipe tuve que parar al día 5.

Al tercer día vi que mi minialérgico tenía como polvillo blanco en una parte de la cabeza, le sacudí el pelo y cero importancia al asunto. Al quinto día de nuevo… Le pregunté dónde se había metido, y obviamente la respuesta fue “en ningún lado”, así que le revisé la cabeza y ahí estaba, una vieja conocida: dermatitis seborreica.

Cuando Pipe era bebé y aún no le habían diagnosticado la alergia alimentaria, tuvo dermatitis seborreica, super severa, tenía una gran costra cerosa amarillenta y perdió casi todo el pelo. Tuvo tratamiento con tres champús distintos y nada, finalmente lo que le sirvió fue vaselina con ácido salicílico. Ese fué mi primer encuentro con la dermatitis seborreica.

Mi segundo encuentro fué hace uno o dos años atrás, pero no recuerdo ese episodio asociado a ninguna prueba de alimentos.

Ahora, coincidencia o no, con la prueba de manjar de leche de cabra apareció por tercera vez. Suspendí el alimento y comencé a tratar la dermatitis. Este fin de semana completamos el tratamiento, las costras grasas ya no están, así que dejando pasar otro par de semanas por si reaparece la dermatitis seboreica, retomaríamos la prueba de manjar en la segunda quincena de Julio.

Sueño, espero, deseo que haya sido una coincidencia, pero se que la frustración con la alergia alimentaria es así, la coincidencia se transforma en una excelente excusa para negar o explicar los síntomas. Recuerdo cuando Gabi era alérgica a la avena y se enronchaba entera, solo se salvaba la cara. Justo en un episodio de reacción teníamos hora con un endocrinólogo, el cual al verla dijo que era un exantema súbito, cuadro viral bla-bla… En mi estresada cabecita se encendió un luz de esperanza y recuerdo haber estado frente al ascensor, en el -1, decidiendo si subía al segundo piso para que la viera la pediatra. No subí. Recapitulando antecedentes concluí (lo que ya había concluido anteriormente) que cuando mi minialérgica probaba avena se enronchaba entera, y que pucha la mala suerte de agarrarse un exantema súbito de un virus que estaba esperando que Gabi comiera avena para atacar.

La coincidencia sigue siendo una esperanza, y el saber que la coincidencia puede ser una ilusión, un espejismo, una realidad alternativa… rompe un poco el corazón.

Hoy Gabisauria llevó un pan con manjar de leche de cabra, Pipesaurio un pan con dulce de membrillo. No se por qué esa victoria no me sabe dulce :´(

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