La roncha

La miro, ladeo mi cabeza para verla desde otro ángulo y la vuelvo a mirar. Dejo pasar un rato, para no acostumbrarme al estímulo y dejar de ver, o al revés, que de repente todo comienze a enrojecer. Vuelvo a mirarla. La veo en la mañana cuando saco el pijama, la veo en cada muda. Mientras juega, yo la observo, como si en una situación casual fuera menos sesgada mi visión. La miro. La expongo a la luz, a contra luz, siempre mirando. Cierro mis ojos y la miro.

No se si a veces miro para convencerme de que es real o quiero que sea real, pues la versión ella no es real, si es una ilusión. Es decir, esa roncha existe, y asesina a mi mente, que trata de entender por qué ella está ahí.

Pd: con la caca es el mismo cuento, pero además de ver se huele, incluso se toca.

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