Tercera parte de la historia: convivir

Pero cómo le va a dar alergia el arroz si es tan sano, lo dan incluso cuando uno hace dieta.
Esa frase y decenas de otras más he tenido que escuchar y, en el entorno familiar, he tenido que lidiar.
Lejos, lo más difícil de convivir con alergias alimentarias, han sido los comentarios y cuestionamientos que hace el medio. Aún me siento, un año y medio de iniciada esta aventura, un Quijote, un Quijote que lucha con fantasmas que solo él ve.
Solo yo veo los alérgenos que tenían enfermos a mis Dulcineos, los apunto con mi lanza y cargo contra ellos para expulsarlos de la dieta. Soy un ser en estado de locura que corre a detener esa galleta que están a punto de comer y no sabes de qué esta hecha, que se aferra a cada frasco o paquete buscando al enemigo en esa etiqueta, que se ha vuelto un Amish y cocina todo en casa para tenerle alimentos seguros a sus hijos, que va con la bandera y el discurso de las alergias alimentarias al jardín infantil, reuniones familiares y todo lugar donde los cachorros vayan a comer, que anda con la lonchera de alimentos permitidos a donde quiera que vaya con su progenie.
Pero soy una loca que al final del día se siente feliz porque estos Dulcineos crecen, suben de peso, están saludables y son niños felices.
Como decía Don Quijote, “Sancho, dejad que los perros ladren, es señal de que avanzamos” 😉

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