Comienzo de la historia: la ignorancia.

A las 2 semanas de finalizada la lactancia, comenzó todo, a mediados de Diciembre del 2012.
Pipe, el mayor de mis minialérgicos, empezó a hacer heridas en su cara, cuello y pecho, además de moco nasal muy espeso. Cremas probamos por montones, gran variedad de compuestos y precios, y nada. Los mocos, aunque era verano, los asumimos porque recién comenzaba a ir al jardín.
En Febrero vino la primera crisis: Las heridas de su cara sangraban.
A los meses entendí la causa de esta, y no era el polvo ambiental… Estaban tan perdidos el pediatra y dermatólogo que trataba a Pipe, que a veces dudo que se sentaran a pensar qué tenía mi hijo. Lo único positivo de esa crisis fue que para atacar síntomas le dieron antialérgicos fuertes y, en mi observación diaria, pude empezar a sacar ciertas conclusiones.
Así fue como a principios de Marzo, mi marido me dice en la consulta con la pediatra, Sole, cuéntale tu teoría.

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